Afinidades de la Ruptura

Cuando el abstraccionismo y el informalismo irrumpieron en la vida artística mexicana, muchos de los artistas dejaron de ver al muralismo como un modelo estético a seguir y más bien empezaron a usar la bandera de Tamayo. Sin embar­go, de los llamados Tres Grandes (Rivera, Siqueiros y Orozco ), había uno que seguía interesándoles a muchos de los jóvenes de la generación de la Ruptura, y ese era José Clemente Orozco. Sin duda sus pinturas eran las menos panfletarias y las más poéticas, muchas veces al hablar de la Revolución Mexicana por ejem­plo, Orozco hacía una reflexión sobre la guerra, la violencia y la muerte, no un panegírico sobre un pedazo determinado de nuestra Historia Nacional. El trazo expresionista, el trabajo colorístico de su pintura reforzando la expresividad de las figuras y los rasgos grotescos que bordeaban su antiguo oficio de caricaturis­ta, todo representaba para los jóvenes algo de dónde nutrirse y la frase del gran Luis Cardoza y Aragón empezó a ser tendencia: ”Los tres grandes son dos: Orozco.”

José Luis Cuevas, líder y polemista máximo de la Ruptura creció con esa mirada, él no era abstracto y su informalismo expresionista podía nutrirse tanto de las caricaturescas imágenes que Orozco convirtió en pintura, como de sus trazos expresionistas. Así también, aunque Francisco Toledo no fue un militante rupturista, si estuvo cerca de esa generación y si bien su postura es más modera­da, pues expresa su admiración por el movimiento muralista, reconoce que es Orozco quién más le interesa como artista, aunque el activismo de Diego y Siqueiros no deja de atraerlo. Tanto en Cuevas como en Toledo pueden verse af­inidades orozquianas, tendencias a lo monstruoso, libertad dibujística. Toledo siempre se negó a grabar o pintar temas políticos como le querían invitar a hacer sus maestros del taller de la Gráfica Popular, Arturo García Bustos y Rina Lazo. Si bien ambos voltean hacia Tamayo, tanto Toledo como Cuevas la huella de Orozco es quizás hasta más reconocible.

“Las Masas” 1935 / José Clemente Orozco / Litografía / 37.7 x 42.8 cm.

José Clemente Orozco Farías creció viendo a estos tres artistas, su abuelo tenía que ser un referente para su arte y forma de conceptualizar las imágenes. Pero él también vio a esa generación siguiente que cuestionaba y se nutría a la vez de algunos elementos del muralismo, es decir, la ruptura no fue total, a final de cuentas, tenían interés en diversos elementos pictóricos de los muralistas, de todos es sabido que Siqueiros enseñó a Jackson Pollock el valor del accidente y la mancha azarosa en la pintura. Así también todos estamos ciertos de que si alguno de los tres sigue acaparando las miradas de los pintores hasta hoy día es Orozco. Su nieto ha sabido entonces ser dueño de una independencia con re­specto a su abuelo, sin dejar de recuperar los elementos de su arte que le intere­san, pero también sin negar todo el arte que vino después y que influyó en su mirada y su quehacer creativo, pienso que esta pequeña exposición, hace palpa­ble lo que digo. Y da a conocer al pueblo de México a un artista que no ha estado tan presente como debiera en los circuitos expositivos de su país natal.

 

 

 

Fernando Gálvez de Aguinaga

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