Tabuena y Wolfryd – Un Punto de Encuentro.

La resignificación del retrato y el paisaje

 

Fue en los agitados años setenta, y bajo la luz única de San Miguel de Allende. El pintor filipino Romeo Tabuena (1921-2015) llevaba ya 20 años en la ciudad, reinventando su propia obra, influido por el muralismo mexicano. El estadounidense Barry Wolfryd (1952) arribó a San Miguel en 1975 casi por accidente, a forjarse como pintor. Ambos confluyeron en el Instituto Allende, formando parte de la intensa y vibrante atmósfera creadora de aquel momento. Después, si Tabuena siguió consolidando su carrera desde San Miguel, Wolfryd haría lo propio desde la Ciudad de México.

 La exposición Tabuena y Wolfryd – Un Punto de Encuentro. La resignificación del retrato y el paisaje explora momentos de coincidencia y diferenciación entre los discursos de estos dos artistas marcados a fuego por San Miguel de Allende, por el modernismo y por una sociedad que ha pasado de los debates sobre los derechos civiles y la Guerra de Vietnam, al consumismo desaforado, la era de Internet y el movimiento ambientalista.

Constituida por XX piezas, sobre todo retratos y paisajes, realizados en acuarela, óleo, acrílico, temple y técnicas mixtas, entre otras, Tabuena y Wolfryd… narra el encuentro, en San Miguel de Allende, de dos generaciones, dos concepciones geopolíticas distantes y dos temperamentos tan fascinados por México, como atentos al aquí y al ahora de la gente de a pie, es decir, a la condición humana.

Militante destacado del Neo-Realismo filipino, Tabuena se asentó en San Miguel en 1955, donde residió hasta su muerte. Siguiendo un consejo de David Alfaro Siqueiros, de no olvidarse de sus raíces, combinó en su obra motivos locales y de su Madre Patria, siempre buscando la excelencia. En ciertos retratos se le ve en su taller vestido de traje sastre, pintando una pieza que evoca la obra de Rufino Tamayo. Tabuena es considerado uno de los artistas filipinos más relevantes del siglo XX; el INBA lo honró en 1995, al cumplir él 40 años de actividad artística en México, y nuevamente en 2000, con la exposición Milenium, organizada en colaboración con la Embajada de Filipinas en México.

Por su parte, Wolfryd regresa a San Miguel con esta exposición, convertido en un pintor maduro, con una voz afinada y singular. La exposición muestra cómo sus primeras pinceladas –aún era un hippie con pelo largo y botas vaqueras– estaban llenas de psicodelia y cierto folclorismo cimentados en Francis Bacon. Con los años forjó un vocabulario personal emparentado con el Pop Art, y basado en símbolos e íconos. Sus actuales “comentarios sociales” están cargados de humor y un inquitante malabarismo conceptual sobre la convivencia de las culturas mexicana y estadounidense en el teatro de la decadencia global; aunque él no recibió el consejo de Siqueiros, tampoco olvidó sus raíces. Su obra ha sido exhibida lo mismo en la capital del país como en Nueva York, Los Ángeles, Berlín, Tokio, Trieste y Segovia. Este año expone en Madrid y Venecia.

Tabuena y Wolfryd… es un ejercicio un tanto arqueológico, la extracción de un episodio guardado en los estratos de los años setenta de San Miguel de Allende, la revaloración de un diálogo entre dos artistas que se forjaron en esta ciudad, y que marcarán su historia para siempre.

 

 Galería Nudo

 

 

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